MUERTE ECOLÓGICA
"Tus firmes latigazos
en mi nuca,
tu brutal empellón
en el centro del alma,
me han ido a derribar
como una bestia herida".
(A Gerardo Rosales 1915-1968)
Cayó el árbol, sin latidos.
El cronómetro cesó el ritmo
ascensional.
Lo cesaron del oficio: apuntador,
siempre vertical,
como un director de orquesta,
compases
antes de iniciar la sinfonía.
La sinfonía,
tu sinfonía de pájaros,
a la misma hora: amanecer,
y a la hora (todos los días),
del atardecer-
Cayó el árbol, sin los latidos
rítmicos del último concierto.
Cayó herido, pero,
sin latidos, sin la verticalidad
de un director de orquesta, sin pájaro
solista,
con una herida resinosa en el costado
izquierdo.
Y, ahora, mutilado,
desnudo
a los ojos de la creación,
sin el verde uniforme de gala,
horizontal,
sin peldaños para los aficionados
intérpretes de sinfonías.
Han matado a un pino.
Ha muerto un pino.
Cesó de latir su corazón,
y, con él,
su vocación ascensional.
angarmar
(Poema de la obra. "Hogueras Eternas")
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