EL SORDOMUDO
Le ofrecí mi amistad,
estrechándole la mano.
El me contestó con gestos:
"Yo-quie-ro-ser-tu-her-ma-no".
Entendí perfectamente
el símbolo de su llanto.
Mariposas de los dedos
se posaron en sus labios.
Lo primero que aprendí
entre tanto garabato,
después de mucho ejercicio,
fue a decir: "sí", "no", "te amo".
Alfabeto sordomudo
en mi corazón grabado,
no pude aprenderlo entero,
se me enredaban las manos.
. . . . . . . . . . .
Lo único, que me quedó,
fue tu amistad, hermano.
angarmar.
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