PERSONALIDAD DE GEORGES SCHEHADE en su obra "Historia de Vasco"
No sería justo resumir la personalidad de este gran autor de obras teatrales de magia poética. Schéhadé se fue a buscar el bien con todas sus consecuencias. "Magia poética", ¿eso es todo o es algo más? Yo creo que es algo más. Ha sufrido mucho para llegar a conseguir lo que alcanzó. Pasó por auténticos trances de dolor. En la "Historia de Vasco" se esconden los hombres de la guerra, "que aprovechan los afanes peluqueros del muchacho sonriente para que lleve un mensaje. El premio es el amor arrebatado de la ignorada Margarita. El bien ha premiado al bien con carácter aplazado: después de la muerte"
El teatroa de Schéhadé es un teatro con lógica pura, con realidad aplastante. La magia es otra cosa. La cosa de los magos. Podríamos afirmar que el teatro de este libanés es un verdadero teatro cristiano, cristiano por los cuatro costados. Eso sí, buscando la sonrisa inocente de niño. Es más que esto, es un teatro de la vida, con la vida y para la vida. La antorcha de la esperanza siempre está encendida en esta obra. Una antorcha que no se apaga, esperanza redentora, que ninguna adversidad la puede apagar, ni la misma muerte la apaga, porque para eso está el salto a la resurrección.
Dice Pedro Barceló: CuandoVasco ha muerto (muerte que bautiza en héroe al jovenzuelo que sólo quería cortar bonitos cabellos) y ha muerto, en cierto modo, por su sueño; cuando el cadáver de Vasco está acribillado a balazos, exclama un personaje:
- ¡Vaya usted a ver ahora si un sueño no es nada!...
Un sueño han sido la vida, el amor y la muerte de Vasco. Un sueño puro, blanquísimo, intacto. Y a Margarita le queda algo más que la soledad cuando el novio ha muerto:
-No te diré, Señor, sino que he soñado, como Tú, cuando escribiste el libro del mar...
-¡...y de las arenas, con la huella de la sangre desnuda para la gloria!
Pero surgirá entonces la llamada del otro lado, de la es quina amarga, de allí donde la magia (la bondad y la pureza) no es aceptada:
-¿Para la gloria? ¡Y qué quiere decir esa palabra cuando no se es ya nada, cuando no se tiene en la boca un pedazo de pan para la memoria!...
Pero Vasco se ha salvado. Y Margarita ha salvado toda su vida en el amor del héroe improvisado. Improvisado, pero no involuntario. Cuando ha llegado el momento de la decisión suprema, no ha vacilado. Ha dicho sí; ha aceptado la muerte. Porque después estaba la resurrección. El sueño ha sido algo: vida y muerte en autenticidad.
No puedo omitir, de ningún modo, las escogidas palabras de Jean Louis Barrault que escribió para el programa del estreno de "HISTORIA DE VASCO" en el Teatro Sarah Bernhardt, de París:
En la época en que montábamos "la soirée des proverbes", Schéhadé me preguntó, con esa alegría encantadora que le caracteriza y ese fértil entusiasmo que le es natural, qué género de nueva obra deseaba yo que nos escribiera.
-Cuéntanos una historia, le dije.
Luego una noche, mientras removíamos recuerdos de infancia, yo le conté cómo, de muy niño, me había asustado el extraño comportamiento de la señora en cuya casa se había instalado mi padre como huésped. La señora era viuda de un militar de carrera. Sobre su cama colgaba en la pared el retrato de su difunto, un señor de mirada y bigotes temibles. Yo dormía en esa recámara, y cada noche temblaba ante la ceremonia a la que se entregaba la pobre señora: en pie sobre su cama, hablaba con el retrato de su marido... "El (decía ella) me contestaba."
Con toda obediencia (que es el signo mayor de la potencia creadora) Schéhadé nos envió una historia en la que se trata mucho de militares y aun a veces de viudas. Era la historia del peluquerito llamado Vasco.
En la carrera de un hombre de teatro hay momentos embriagadores, principalmente aquel en el cual, desde la primera lectura, se enamora uno de una obra. Yo amo Vasco por entero: por su significación profunda, por su forma alada, por el giro de su ingenio, a la vez loco y trágico; por la belleza poética de la lengua, por su construcción dramática, por su humanidad cálida, por su justicia, por su arte, en fin
Amo, en fin, Vasco, porque esta obra, a la vez poética y eficazmente dramática, de Schéhadé, me acerca todavía más a él.
Un día, a propósito de una obra sobre la cual hacía serias reservas, exclamó Jouvet: "¿Acaso vivirías tú con esos personajes?"
Pues bien: yo viviría gustosamente conVasco, con César, con su hija; en cuanto al sargento Caquot y al Mirador, no dejarían de divertirme... No hablo siquiera de ciertos perros amigos míos... ni de ciertos castaños...
He aquí, pues, Vasco, la tercera obra de Georges Schéhadé..., y, como se dice en ella, "esto no es (lo espero entre Schéhadé y nosotros) sino el principio de una larga historia.
Cuando se lee a Schéhadé se le emparenta, ante todo, con Superville; cuando se le sigue, se ve pasar a Chaplin, y a veces aun a los hermanos Marx, y, finalmente, cuando se piensa en ello, con admiración y con afecto, se espera de él una especie de Aristófanes de nuestro tiempo.
No sería justo resumir la personalidad de este gran autor de obras teatrales de magia poética. Schéhadé se fue a buscar el bien con todas sus consecuencias. "Magia poética", ¿eso es todo o es algo más? Yo creo que es algo más. Ha sufrido mucho para llegar a conseguir lo que alcanzó. Pasó por auténticos trances de dolor. En la "Historia de Vasco" se esconden los hombres de la guerra, "que aprovechan los afanes peluqueros del muchacho sonriente para que lleve un mensaje. El premio es el amor arrebatado de la ignorada Margarita. El bien ha premiado al bien con carácter aplazado: después de la muerte"
El teatroa de Schéhadé es un teatro con lógica pura, con realidad aplastante. La magia es otra cosa. La cosa de los magos. Podríamos afirmar que el teatro de este libanés es un verdadero teatro cristiano, cristiano por los cuatro costados. Eso sí, buscando la sonrisa inocente de niño. Es más que esto, es un teatro de la vida, con la vida y para la vida. La antorcha de la esperanza siempre está encendida en esta obra. Una antorcha que no se apaga, esperanza redentora, que ninguna adversidad la puede apagar, ni la misma muerte la apaga, porque para eso está el salto a la resurrección.
Dice Pedro Barceló: CuandoVasco ha muerto (muerte que bautiza en héroe al jovenzuelo que sólo quería cortar bonitos cabellos) y ha muerto, en cierto modo, por su sueño; cuando el cadáver de Vasco está acribillado a balazos, exclama un personaje:
- ¡Vaya usted a ver ahora si un sueño no es nada!...
Un sueño han sido la vida, el amor y la muerte de Vasco. Un sueño puro, blanquísimo, intacto. Y a Margarita le queda algo más que la soledad cuando el novio ha muerto:
-No te diré, Señor, sino que he soñado, como Tú, cuando escribiste el libro del mar...
-¡...y de las arenas, con la huella de la sangre desnuda para la gloria!
Pero surgirá entonces la llamada del otro lado, de la es quina amarga, de allí donde la magia (la bondad y la pureza) no es aceptada:
-¿Para la gloria? ¡Y qué quiere decir esa palabra cuando no se es ya nada, cuando no se tiene en la boca un pedazo de pan para la memoria!...
Pero Vasco se ha salvado. Y Margarita ha salvado toda su vida en el amor del héroe improvisado. Improvisado, pero no involuntario. Cuando ha llegado el momento de la decisión suprema, no ha vacilado. Ha dicho sí; ha aceptado la muerte. Porque después estaba la resurrección. El sueño ha sido algo: vida y muerte en autenticidad.
No puedo omitir, de ningún modo, las escogidas palabras de Jean Louis Barrault que escribió para el programa del estreno de "HISTORIA DE VASCO" en el Teatro Sarah Bernhardt, de París:
En la época en que montábamos "la soirée des proverbes", Schéhadé me preguntó, con esa alegría encantadora que le caracteriza y ese fértil entusiasmo que le es natural, qué género de nueva obra deseaba yo que nos escribiera.
-Cuéntanos una historia, le dije.
Luego una noche, mientras removíamos recuerdos de infancia, yo le conté cómo, de muy niño, me había asustado el extraño comportamiento de la señora en cuya casa se había instalado mi padre como huésped. La señora era viuda de un militar de carrera. Sobre su cama colgaba en la pared el retrato de su difunto, un señor de mirada y bigotes temibles. Yo dormía en esa recámara, y cada noche temblaba ante la ceremonia a la que se entregaba la pobre señora: en pie sobre su cama, hablaba con el retrato de su marido... "El (decía ella) me contestaba."
Con toda obediencia (que es el signo mayor de la potencia creadora) Schéhadé nos envió una historia en la que se trata mucho de militares y aun a veces de viudas. Era la historia del peluquerito llamado Vasco.
En la carrera de un hombre de teatro hay momentos embriagadores, principalmente aquel en el cual, desde la primera lectura, se enamora uno de una obra. Yo amo Vasco por entero: por su significación profunda, por su forma alada, por el giro de su ingenio, a la vez loco y trágico; por la belleza poética de la lengua, por su construcción dramática, por su humanidad cálida, por su justicia, por su arte, en fin
Amo, en fin, Vasco, porque esta obra, a la vez poética y eficazmente dramática, de Schéhadé, me acerca todavía más a él.
Un día, a propósito de una obra sobre la cual hacía serias reservas, exclamó Jouvet: "¿Acaso vivirías tú con esos personajes?"
Pues bien: yo viviría gustosamente conVasco, con César, con su hija; en cuanto al sargento Caquot y al Mirador, no dejarían de divertirme... No hablo siquiera de ciertos perros amigos míos... ni de ciertos castaños...
He aquí, pues, Vasco, la tercera obra de Georges Schéhadé..., y, como se dice en ella, "esto no es (lo espero entre Schéhadé y nosotros) sino el principio de una larga historia.
Cuando se lee a Schéhadé se le emparenta, ante todo, con Superville; cuando se le sigue, se ve pasar a Chaplin, y a veces aun a los hermanos Marx, y, finalmente, cuando se piensa en ello, con admiración y con afecto, se espera de él una especie de Aristófanes de nuestro tiempo.
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